“Soñamos con la atención universal: con el silencio de todos los que callan para escucharnos, de todos los que renuncian a escribir para leernos. Consideramos que al menos ciertas cosas deberían ser leídas por todos. Pero ¿qué es lo que uno puede decir a todos? Si hubiera una asamblea universal permanente, en la que todos fuéramos pasando al micrófono para dirigirnos a todos, el tiempo no alcanzaría ni para saludar y retirarnos de inmediato. El diálogo universal se reduciría al reconocimiento del tú, a esa especie de Poema Babilónico de la Creación que es decirnos: «Buenos días.» Quizá la vida es eso: aparecer con un saludo y desaparecer. Pero es difícil aceptarlo. El saludo suena con la eternidad, lo que lleva a no querer soltar el micrófono, lo que lleva a la comunión totalitaria. Todos deberían escuchar lo que Yo tengo que decir. El saludo interminable es un yo interminable, centro del universo.”
Gabriel Zaid, Los demasiados libros. Anagrama, 1996
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